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Manipulando los hilos del miedo

LastInfoo   (Enviado por: Héctor Héreter) , 10/04/08, 16:19 h
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¿Acaso estaremos entrando en una segunda Edad Media, en la que unos pocos controlaban el mercado de las ideas para imponer sus deseos basando sus estrategias en la explotación de sentimientos primitivos?

 

La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
Mahatma Gandhi

 

 

Por Héctor Héreter

“Aquí conocerán a grandes líderes mundiales y a otros líderes que quieren controlar el mundo”, dice la afamada periodista Christiane Amanpour en un segmento promocional de CNN International, una manera bastante resumida de señalar los peligros que enfrentan la democracia y libertad de expresión, ante las pretensiones de nuevos tiranos alrededor del mundo.

Aunque al final de la Segunda Guerra Mundial la humanidad se hizo la promesa de que no volvería a suceder otro episodio en el que un hombre carismático como Adolfo Hitler retornase para controlar el mundo a través del miedo, desafortunadamente, vemos cómo un creciente número de líderes se basan en este sentimiento primitivo para controlar las masas a través de los medios de comunicación como la televisión.

La verdad, y la razón como modo de llegar a ella, son dos elementos fundamentales para la salud del una democracia. Sin embargo, la política contemporánea parece seguir un camino opuesto. Nos hallamos ante un auténtico ataque contra la razón, liderado por un grupo de demagogos a nivel mundial apoyados por un séquito de manipuladores de medios de comunicación, los cuales eliminan toda capacidad de debate democrático, estimulando los sentimientos primitivos.

El miedo como mecanismo de defensa fue necesario hace millones de años cuando era necesario decidir en cuestión de segundos si correr o enfrentar la bestia que nos veía con ojos de “tú serás mi almuerzo”.

La razón, por el contrario, se ubica en zonas del cerebro que han evolucionado más recientemente, y depende de procesos más sutiles que nos conceden la capacidad de discernir la aparición de amenazas antes de que se materialicen, y de distinguir entre amenazas reales e ilusorias, tal como lo expuso el neurocientífico de la Universidad de Nueva York, Joseph LeDoux, autor de ‘El cerebro emocional’.

La ironía radica, dice LeDoux, en que a la vez que desarrollamos una capacidad analítica a través de la razón, la misma nos produce a veces una ansiedad ante miedos anticipados por eventos que puedan producirse en el futuro, o sea, temores creados por nuestra mente ante amenazas inexistentes. Este miedo mítico es utilizado cada vez más por los demagogos que, tal como dice la periodista Amanpour, “quieren controlar el mundo”.

¿Acaso estaremos entrando en una segunda Edad Media, en la que unos pocos controlaban el mercado de las ideas para imponer sus deseos basando sus estrategias en la explotación de sentimientos primitivos?

La revolución de la imprenta, iniciada por Johannes Gutenberg en 1450, acabó con el monopolio de la estancada información medieval, y desembocó en una explosión de conocimiento que fue entregada a las masas que, hasta aquel momento, no habían recibido otro conocimiento que el transmitido desde arriba por alguna jerarquía del poder, ya fuera religioso o secular. Previo a la imprenta los de abajo recibían con pasividad los mensajes emanados de la cúpula de poder.

Los pensadores de la Ilustración que encabezaron los grandes cambios de la época, como la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y las gestas independentistas en América Latina, pusieron énfasis especial en asegurar que la opinión pública estuviera bien informada, y se preocuparon sobremanera por proteger el mercado de ideas a través de la libertad de expresión.

Rousseau, Washington, Jefferson y Bolívar sabían que, en las circunstancias idóneas, el miedo entre las masas puede desencadenar la tentación de entregar la libertad a cualquier demagogo que prometa a cambio fuerza y seguridad.

Si el líder explota los temores del pueblo para encaminarlo en direcciones insensatas, el propio miedo puede convertirse en una fuerza que se autoperpetúa, que consume la voluntad de la nación y debilita el carácter nacional, además de desviar la atención de las a amenazas verdaderas y sembrar la confusión. ¿Caso específico? Joseph Stalin.

Por tanto, la primera acción estratégica de los líderes que quieren “controlar el mundo” es arremeter contra los medios de comunicación independientes. Entre estos manipuladores podemos contar a Fidel Castro, de Cuba; Robert Mugabe, de Zimbabue; Kim Jong II, de Corea del Norte; y Omara Al-Bashir, Todos comparten un rasgo común: no admiten críticas.

La sociedad se divide, según el líder, en dos bandos bien definidos: los que están con él y los traidores. Por supuesto, ambos bandos viven bajo el manto del miedo. Los primeros temen no seguir recibiendo las bendiciones del líder y los segundos, ser eliminados social o físicamente.

El filósofo romano Lucio Lactancio escribió: “Donde el miedo está presente, la sabiduría no puede existir”.

Dije al principio que los medios de comunicación electrónicos, principalmente la televisión, nos están llevando de nuevo a la Edad Media. Pero durante las dos últimas décadas ha surgido otro medio que todavía los sociólogos se rompen los sesos tratando de determinar su alcance y poder: internet. Un medio que le devuelve a las masas el poder de participar democráticamente en el mercado de las ideas y hasta demostrar su repudio ante aquellos que quieren gobernar a través del miedo y la intimidación.

Un ejemplo muy claro de ello fueron las recientes manifestaciones a nivel mundial de rechazo al terrorismo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) estimuladas por un grupo de jóvenes en Bogotá que propagaron su mensaje a través del sitio de internet Facebook.

Otro episodio que capturó titulares a nivel mundial fue el protagonizado por el presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, en la escuela de Ciencias de la Informática de la Universidad de La Habana, en el que los estudiantes no demostraron miedo a lanzar preguntas incómodas para el funcionario castrista. Preguntas que se hacen millones de cubanos desde hace décadas: las restricciones de movimiento, expresión e información; las elecciones ficticias, la discriminación, la doble moneda o la asfixia económica y el porqué de las limitaciones de acceso a internet. Alarcón se declaró “perfecto ignorante” y dijo no tener las respuestas ante preguntas tan precisas.

Llamó la atención que Eliécer Ávila, el estudiante que hacía las preguntas, vestía una camiseta negra con un icono blanco representativo de internet: la @rrob@. Ya los símbolos de revoluciones pasadas, como el puño cerrado con un fusil, dejaron de ser atractivos para los jóvenes que viajan hoy por el espacio cibernético. ¿Será esto una muestra de los nuevos tiempos por venir?


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Autor: Héctor Héreter


Profesión: Periodista - Relacionista Público
País: Venezuela
Periodista - relacionista público. Asesor comunicación corporativa para la industria petrolera y de aviación comercial. [ver más]
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