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Muchos mitos se ciernen alrededor de las figuras del toreo, pero finalmente pocos son los elegidos. Desde que el toreo existe, las figuras de los matadores se han visto rodeadas de ?añadidos? que han finalmente forjado su leyenda.
Por supuesto no todos han conseguido su objetivo, pasar a los anales de la historia, pero los que sí lo lograron se vieron rodeados de la comidilla del papel couché: La flamenca y el torero, el maestro y sus amores, sus vicios, sus salidas y sus amistades, todo eso sí, acompañado de su maestría al torear.
Contados son los que no han caído en ese círculo de vanidades, aunque los hay, y este es el caso de una de las figuras del toreo contemporáneas, José Tomás.
El madrileño espada levanta pasiones allá por donde va, y los aforos que consigue en todas aquellas plazas donde torea lo demuestra, pero ¿es realmente toreo lo que la gente va a ver o es puro morbo?
De su vida íntima poco o nada se sabe, ya lo he dicho antes. Le gusta permanecer al margen de todo fuera de los cosos y es celoso de su privacidad, pero en los ruedos se transforma, y pasa a ser de un simple mortal a un ser de otra dimensión. Para algunos, el hombre más valiente del mundo, para otros un insensato, pero lo cierto, es que sus corridas no pasan inadvertidas. Mezcla de tensión y expectación invade la atmosfera de cada plaza que llena. Escasas sus corridas donde el olor a sangre humana no se huela y suspiros no abunden.
¿Son las cornadas las medallas de los toreros? Porque de ser así este hombre no tendría parangón. ¿Qué sería de José Tomás sin sus impactantes cogidas? ¿Hasta dónde alcanza la valentía y empieza la imprudencia?
En todos los oficios de la vida, da igual el sector, existen límites, y consecuencias en caso de traspasarlos. Un ejemplo de otro ídolo del público español es Fernando Alonso. Joven, atrevido y el número uno en su profesión, y aunque sabe que podría dejar de frenar en las curvas para raspar unos segundos, no lo hace pues conoce la fina línea que separa el riesgo del suicidio. ¿Seguiríamos considerando a Fernando Alonso un maestro de la pista, si estrellara en todas sus carreras su fórmula uno? ¿O, en su inmensa mayoría, saliera lisiado tras continuos accidentes? Seguramente no, más bien, diríamos que no sabe conducir.
Nadie pone en duda la valentía de José Tomás, pero tampoco cabe duda, valga la redundancia, del poco valor que a su vida otorga. No hay más preciado bien que la vida y, si ya de por si es arriesgado la profesión del traje de luces, ¿Por qué cruzar los límites de la prudencia?
Cada uno de sus estáticos centímetros cuando torea se refleja en los cientos de puntos de sutura que su cuerpo aguanta. Cada susto de sus seguidores es una gota de toda la sangre derramada por el diestro. Un precio, todo este, demasiado alto para llegar a ser un mito del toreo.
Son pocas o ninguna las esperanzas que hay que este torero cambie su manera de actuar. Con sus hazañas ha conseguido lo que muchos anhelan, las mieles del éxito, y ese, por el momento, es el mayor de sus triunfos.
Nota de autora: por fallos técnicos ajenos a mi voluntad ha resultado imposible subir el vídeo de la última corrida de José Tomás. Para todos los interesados, aquí adjunto el link donde podrán visualizarlo:
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/15/toros/1213553666.html
Autor: MABEL G.
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Profesión: EMPRESARIA Y ESCRITORA País: ESPAÑA Empresaria de hecho pero escritora por naturaleza, de origen español, pasa su vida, entre papeles y aviones. [ver más] |
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